¿Con qué emoción conectas, cuando las cosas no salen como quieres?

¿Con qué emoción conectas, cuando las cosas no salen como quieres?

¿Con qué emoción conectas, cuando las cosas no salen como quieres?

Todo el tiempo estamos expuestos a que nuestras acciones no concluyan de la forma en como nosotros queremos. Y todo el tiempo y todas las cosas que hacemos, las hacemos por algún motivo, porque queremos obtener algo, ¿estás de acuerdo?

Desde algo tan simple como ir a comprar bebidas y palomitas para pasarnos un sábado agradable viendo una serie en Netflix, a viajar en tu propio auto para ir de vacaciones con tu familia, o jugarte buena parte de tus ahorros en un negocio.

Cualquier cosa puede salir mal (cortarse la luz, rotura del vehículo, salir mal el negocio) y por pequeñas que sean, las emociones «salen a la cancha» y cobran un protagonismo que muchas veces, se torna peligroso por el impacto que pueden tener en nuestra vida.

Más importante de lo que crees

Si bien entran en juego los matices, que varían mucho de persona a persona y de «aquello que no sale» a «aquello otro que no sale», los mecanismos psicológicos de tolerancia, adaptación y superación se ponen a prueba constantemente en cada adversidad que se nos presenta en la vida.

Puede ser entendible (hasta cierto punto) que te enojes si tu auto no arranca una mañana, pero si eso te pasa cuando alguien te tenía que llamar y no lo hizo…, estamos en presencia de algo más, y que no es bueno.

Los ejemplos son variados, así que pido tu ayuda para que puedas rellenar en tu caso, lo que mejor se adapte para ti. Por ejemplo, podrían salir mal…

  • Un partido de ajedrez;
  • Que no te contraten en un trabajo;
  • Una venta que no se realizó
  • Un matrimonio que fracasó
  • Un perdón que pediste y no te dieron.

No importa de lo que se trate, en cada rechazo o problema que no logramos resolver «a la primera» (o a la segunda, para las cosas más simple) pueden suceder dos cosas:

  • No conectes con ninguna emoción,
  • Conectes con una emoción en particular.

Si tu caso es el primero, honestamente no sé porqué hiciste clic en este artículo. Pero si es el segundo, te invito cordialmente a que llegues al final 😉

Carácter, tu propia imagen y realización

Una emoción muy frecuente en mucha gente -principalmente hombres-, es enojarse cuando las cosas no se nos dan como queremos. Hasta ahí puede que parezca una cualidad de la persona, un rasgo que no es el mejor y no mucho más que eso.

Sin embargo, sí que es mucho más que eso.

Cuando las emociones que tenemos cobran vida, «salen a la cancha» y se apoderan de nosotros, estamos declarando de forma implícita, nuestra incapacidad de autogobierno emocional, dejando de lado parcial o totalmente el poder racional.

Esto sería entendible -y justificable- en situación de rupturas amorosas o temas familiares, por supuesto. Pensar lo contrario sería renegar de nuestra condición de seres humanos.

Pero en la vida cotidiana, si dejas que te gane el enojo -para seguir con este primer ejemplo-, tendrás a priori tres problemas o situaciones que preferirías evitar.

  • El carácter, temple y personalidad se moldean al ritmo de este desgobierno emocional. ¿Puedes imaginarte algo bueno que salga de esto?
  • Tu imagen, la que tú tienes de ti y los demás tienen de ti, se verá afectada.
  • Tu realización, tus logros y concretamente la calidad de ellos y el esfuerzo que tuviste que emplear para concluirlos, será mayor y mayor el tiempo para finalizarlos. Es decir, un desgaste innecesario.

A continuación un listado de las emociones que, en mi opinión, son con las que puedes conectar más frecuentemente cuando las cosas no salen como quieres.

Enojo

En mayor o menor medida, está en todos los seres humanos y todos sabemos lo que es estar enojados y que luego se nos pase después de un rato: algunos minutos o algunas horas. Esta emoción aparece de forma instantánea cuando algo no te sale como querías (no depende de tus pensamientos previos), pero nos ofrece una excelente oportunidad para poner en práctica nuestro autodominio.

Frustración

Nos frustramos cuando, después de varios intentos de lograr algo, no lo conseguimos por muy poco. O al menos así nos pareció. Es como sentir que ya teníamos «en la palma de la mano» aquella venta, el partido o lo que fuere, y no lo pudimos atrapar.

A diferencia del enojo, la frustración sí depende de pensamientos y emociones específicos, y que normalmente están alimentados por expectativas previas, altas o no, y por la trampa del merecimiento (te dejaré el enlace apenas publique ese artículo en particular).

Es en este punto, cuando la frustración aparece de forma reiterada, que se genera un momento «bisagra» en nuestra vida, porque a diferencia del enojo, que aparece de forma instantánea y se disipa después de un rato, la frustración necesita de un caldo de cultivo ideal que lo preparamos nosotros mismos y que mientras dure, la frustración permanecerá intacta.

Angustia y miedo

A diferencia de las emociones anteriores, en este apartado aparece una nueva condición que se llama «necesidad». Es decir, te diste a la tarea de hacer algo que necesitabas y no salió como querías.

Puede ser que necesitabas dinero, llegar a tiempo a una cita, quedar bien con alguien, no lo sé. Pero empiezas a vislumbrar que las consecuencias para ti de no conseguir aquello que buscabas son seriamente negativas para ti o para tu familia.

Las decisiones que tomamos en estas circunstancias (o las que siguen) ya no son buenas ni óptimas, tu mente consciente y racional lucha a brazo partido para recuperar el control y eso insume un gran esfuerzo de tu parte, que tratas de fingir frente a los demás de que estás bien, al mismo tiempo de que tratas de convencerte que tienes el control.

Pero los ataques de las emociones ya te están desbordando, son demasiados.

Decepción y más miedo

La diferencia principal entre decepción y frustración, es que en este caso ya has abandonado la expectativa o posibilidad que tenías de conseguir aquello que querías. Te preparas para asimilar «el golpe» de las consecuencias negativas y por supuesto, el miedo se incrementa.

Abandono, mi vida se desmorona, mucho más miedo.

A decir verdad, pocas veces se llega a este punto y honestamente espero que nunca te pase. Habrá algún tipo de depresión seguramente y la ayuda profesional y familiar es esencial.

No obstante, ya que conoces sobre esto, podrás detenerte mucho antes y usar las recomendaciones que te hago a continuación.

Esto es lo que puedes hacer

En primer lugar, si reconoces que ante la adversidad tu mente es asaltada por algún tipo de emoción, sea las que yo describí o cualquier otra, necesitas verlo como una formidable oportunidad de aprendizaje y evolución personal.

Así que nada de reproches ni arrepentimientos, ¿ok? Lo más importante es tener la humildad de reconocerlo y la voluntad de cambiar para mejorar tu vida.

Para el caso del enojo, se aplica una técnica disruptiva que también es aplicable en todos los otros casos que mencioné. Sucede que aquí debería bastar con detenerte, respirar profundo, contar hasta 10 o hasta 20 y alejarse unos pasos para tener una visión más global. En las emociones más intensas y complejas, esto que haces para el enojo sería sólo el primero paso.

Como mencioné antes, la frustración aparece porque arrancas de una condición previa: tenías expectativas o estabas bajo la trampa del merecimiento. Aquí lo que tienes que hacer es la técnica de disrupción (detenerte, respirar profundo, contar hasta diez, alejarse) y acto seguido, reflexionar sobre lo que sientes.

Es decir, en el primer caso, el del enojo, interrumpes la emoción con la técnica y con eso debería alcanzar. Y para la frustración debes hacer algo más, que es reflexionar sobre lo que sientes, preguntándote, por ejemplo, qué es lo que te está molestando o qué es lo que está mal.

Detenerte y meditar sobre lo que te frustra va a abrir tu mente a nuevas posibilidades aprendizajes y respuesta emocional y, si bien te tocará hacer algún cambio sobre esto, puedo asegurarte que ya vas por buen camino.

¿Me sigues hasta aquí?

Para el caso de los otros estados que mencioné, que es cuando aparecen el miedo, la necesidad y todo se complica, vas a aplicar las mismas dos técnicas que mencioné (disrupción y reflexión) y como ya sabes que no va a ser suficiente con esas dos, vas a aplicar dos más y en el orden que te lo presente a continuación:

Aceptación

Un concepto clave, que desarrollo en mi libro «SÍ, HAY UN SECRETO» y que es fundamental porque cuando no aceptamos lo que nos pasa, aparece lo opuesto que suele ser el rechazo, negando lo que sentimos y esto consigue atorarte en el problema y termina por agravar todo.

En muchas de mis entradas verás que uso este concepto así que terminarás familiarizándote con él. Aceptar implica no juzgar ni sentir culpa, y te permitirá fluir en ese momento, que es lo que necesitas en lugar de quedarte atascad@.

Amor propio

Después de la aceptación, debes hacer un esfuerzo por conectar con tu propia valía y amor propio. Debes recordar quién eres realmente, tus logros, tus afectos, entendiendo que lo que te está pasando ahora mismo no tiene que ver contigo, sino con las circunstancias.

Y aquí, a partir de ahora, es cuando el milagro se manifiesta.

Porque las siguientes decisiones que tomarás, con este equilibrio emocional y bien centrado en tu eje, serán las mejores que estén disponibles para ti.

Podrás dejar lo que estabas haciendo y retomarlo después, buscar ayuda profesional a tiempo, o hablar con la persona con la que tenías un compromiso y explicarle que no podrás cumplirlo. Sin embargo, ninguna de estas acciones serán desde la culpa, el castigo o arrepentimiento.

Muy bien, mi estimado amig@, te he dejado un post que no es de fácil «digestión» y quizás tengas que volver a repasar algunos pasajes. Creo sinceramente que esta información te ayudará a que vivas más en plenitud, enseñando y adiestrando a tu mente y emociones el mejor camino posible.

Si te gustó este post te invito a compartirlo en tus redes sociales o enviárselo a esa persona que puede necesitarlo.

Hecho con amor,

Federico 

 

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